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Mostrando entradas de marzo, 2026

La casa del colibrí

  No esperaron que terminara la construcción, sencillamente se instalaron en la habitación, la hicieron suya sin la menor preocupación, la invadieron sin comunicar su resolución.     Colgaron su casa de un alambre, la madre declaró su hogar inalterable, mostró su enojo a los intrusos con vuelos rasantes, temibles, inconclusos.   Dos infantes brotaron de realenga cuna, literalmente salieron del cascarón, y la señora colibrí festejó ruidosa su gran fortuna tomando el néctar de flor en flor.

Ella

  Sabía, por motivos ancestrales, que las mujeres eran ideales, casi sagradas, siempre intocables, figuras de los sueños inmortales. Mas Ella me mostró que eran reales, al alcance de mis manos, tan mortales, con risas, con dolores, vulnerables, y en su verdad hallé dones vitales. No dioses, no alta imagen venerada, sino presencia humana y cercana, la carne que respira y que se ama. Así cayó la máscara sagrada, y en su mirar la vida se desgrana: mujer de luz, tan simple y tan humana.